Cruceros por el Mar | Una Experiencia inolvidable

Vivir la experiencia de subirse a bordo de un barco por primera vez es un descubrimiento instantáneo de sensaciones. Lo primero, si tienes vértigo o padeces de claustrofobia, déjame decirte que aunque te pueda parecer insoportable, tu cuerpo y tu mente se adaptarán al entorno con paciencia y siendo optimistas, claro, si te niegas en rotundidad pasa como todo…

Pero… ¿Y si te quedas a vivir en un barco durante unos cuantos días? Supongamos que te vas de crucero en buena compañía, la emoción de la primera vez, la novedad y la aventura… Suena maravilloso, y lo es.

Todos tenemos nuestros momentos de reflexión y esta experiencia hace que te pares a pensar mirando al horizonte: ¿Tan grande es el mundo? ¿De verdad estoy rodeado de agua? Son preguntas inevitables  que te van a surgir en cualquier momento, sobre todo cuando eres testigo de que nuestro querido planeta esta bañado en agua en su gran mayoría.

Ahora bien, te invito a que tengas un momento de soledad cuando cae la noche y salgas a cubierta. El único sonido es el del agua y la única luz es la del barco. Ese momento es indescriptible, intentas fijar la vista en algún punto de la oscuridad, buscando cualquier figura y nada, oscuridad. Con suerte, si no hay mucha contaminación lumínica podrás ver las estrellas como nunca las habías visto. Ahí tienes tu momento de paz que no encontrarás nunca en tierra, es incomparable.

Habrá momentos malos. Cuando el mar no está en calma se viven momentos de ingravidez  que pueden dejarte el resto del día en cama. No comes nada, te sientes débil, mareos… Un asco. Yo lo que hacía era evitar mirar al suelo, siempre al frente. Y para comer siempre picaba migas de pan para ver como reaccionaba mi cuerpo, así podía intuir que tal me iría con un primer plato. Por supuesto ayuda mucho la biodramina pero en mi caso no quería estar durante todo el día adormilado.

Que paradoja la de que cuando llegas a puerto y estás atravesando el portalón para pisar tierra firme, te viene una bocanada de aire fresco super placentera, como si no hubieras respirado aire fresco durante el trayecto, así somos de contradictorios. Pero claro, somos animales terrestres, no podemos culpar nuestra naturaleza. Que comodidad la de caminar en línea recta con los pies en un suelo totalmente inmóvil,  ¿verdad? Puedes estar orgullos@, a pesar de tu condición de ser terrestre, tu espíritu aventurero te ha llevado a cruzar el mar para pisar nuevas tierras.

¡Buena singladura!

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