La Pesadilla de la Mudanza

Hola a tod@s! Aquí estamos dándole vueltas a mi siguiente mudanza, que sería ya la sexta… Madre mía como pasa el tiempo.

Al principio se vive como una gran aventura. Eso de empaquetar tus cosas para llevártelas a lo que será tu nuevo hogar… es como saltar a una piscina en verano pero desde un tercer piso… tienes mucho calor y quieres saltar pero a la vez acojona.

Pero claro, antes que nada, hay que navegar entre los anuncios de pisos de alquiler, donde como novat@ te venden sin mucho esfuerzo cualquier cuchitril con unas buenas fotos, sin saber que lo más importante es precisamente lo que no se ve en los anuncios.

Hay algo que no olvidaré jamás. Memorizad el palabro “vicio oculto”, porque en el mundo de los alquileres es algo de lo que nos podemos arrepentir si no vamos con cautela. El vicio oculto no es más que un defecto (o defectos), en este caso de la vivienda a alquilar, el cual no es visible en el momento de la entrega, por lo que puede causarte problemas a la larga, después de una larga mudanza, de gastos varios, de pagar a la inmobiliaria, etc. Estamos hablando de una gran ptd.

En mi caso, como novato, tuve una experiencia traumática con mi primer alquiler. Recuerdo cómo me asenté después de llevarme todas las cosas a mi nuevo hogar, después de haber acomodado el salón, el dormitorio, el cuarto de baño, la cocina, los pequeños electrodomésticos, la vajilla… Estuve un par de meses, la verdad, de maravilla. Pero…

Empezó el calor, era un piso modesto, sin aire acondicionado, sin ascensor (bueno, soy joven así que no era un problema). Era un barrio deteriorado, de estos típicos barrios donde viven nuestros adorables abuelos. Que precioso todo, parece esto la casa de la pradera… jeje…  Pues no.

En ese momento vivía sólo y mi novia venía a verme los fines de semana (vivíamos en distintas ciudades en ese momento). Total, que me voy por las ramas. Un buen día, hablando con mi pareja por teléfono, vi una cucaracha muerta debajo de la mesa del comedor. Claro, ya era mayo, es normal, en varios meses solo he visto una y porque con este calor tengo la ventana del salón abierta. Ya recogerla me provocaba repelús (es un bicho que no soporto), cuando la recogí con la escoba no sabía si rociar con ácido el recogedor y prenderle fuego…

La cosa no quedó ahí. Parece que siguiendo un calendario de excursiones, las muy hijas de pt, salían de las juntas de los azulejos… Del rellano, de la ventilación, de todas partes. Llegué a matar 2 o 3 al día. Compré de todo, trampas, insecticidas, geles, ultrasonidos, TODO.

Estuve preguntando a los vecinos sobre el problema y recuerdo que me asombró la normalidad con la que trataban esta guarrería. “Hace tiempo que el ayuntamiento no fumiga, y aquí la verdad estamos acostumbrados a pasar una escobita por las mañanas”. Pero, ¿qué?, ¿cómo?, ¿What?, ¿Perdona?…

Llamé a la inmobiliaria y lo que me dijeron es que teníamos que tratarlo con la casera. Yo previamente ya me aprendí de memoria lo que era un vicio oculto. Así que ataqué por ahí y no tuve mucho problema en abandonar ese alquiler. De hecho la casera se mostró comprensiva (no me jodas).

Quitando la “rapidez” con la que se solucionó el finalizar el contrato, echando la vista atrás te das cuenta que te ha costado mucho acomodarte y llegar a tener todo bien atado en tu, por fin, propia casita. Por eso hoy en día cuando pienso en una mudanza, se me cambia totalmente el chip y me pongo en modo detective. No es para menos. Para estas cosas hay que ir lento y preguntándolo todo.

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